Así empieza vivir viajando, pero lento

Moverse lento puede ser la decisión más acertada para que el alma no se sienta aprisionada, para nosotras ese movimiento es viajar.

Este viaje arrancó en el 2021, estábamos en pleno encierro por culpa del COVID-19 y todo se puso en perspectiva.

Dani y yo ya habíamos hablado de venderlo todo (4 cosas) y arrancar a viajar, ir de ciudad en ciudad por temporadas largas y eventualmente de país en país, con la intención de llegar en carro hasta Argentina.

Pero para ese entonces era solo un plan, uno que repasamos una y otra vez cada que nos sentíamos atrapadas en las mismas dinámicas o cuando sentiamos que estabamos caminando en círculos. Hasta que la muerte nos dio un ultimátum con el que sentimos la amenaza de los reproches.

Ese virus nos dejó varias secuelas debido a la inevitable sensación de urgencia de vida impulsada por la latente presencia de la muerte. Nos movilizó en muchas direcciones y una de ellas fué hacer real ese plan.

El 2021 terminó con bastante movimiento, ausencias, transformaciones y dio paso a un 2022 con promesas grandes.

En Marzo del 2022 hicimos un viaje a Perú con la hermana de Dani, Manuela, un viaje de aventura y exploración interna, creo que hasta ahora es el viaje más espiritual que he tenido en mi vida. Las montañas de Perú me dieron una paliza mental y me obligaron a mirar hacia adentro con lupa y pala.

Subir Ausangate me enseñó sobre el control y su inexistencia. La nieve y el frío me calaron en el cuerpo, pero también sentí que la fuerza del Apu más grande de Perú se imponía en mi espíritu.

Al regreso de este viaje la vida terminó de movilizarnos hacia el cambio con la muerte de mi hermano. Todo se paralizó en mi cabeza, se sintió frío y sin sentido por algunos momentos, pero no tanto como para detenernos.

Hay muchas formas de elaborar un duelo, creo que el mío está en un lugar donde el agua pueda correr y atravesar las melancolías que llevan los recuerdos. Un lugar donde se pueda calmar la mente y sentir lo que se siente la pérdida, un lugar que me permita seguir caminando después de la lavada.

Así se sintió ese mes antes de empacar «todo» dentro de 2 maletas y un carro.

Despedidas y celebraciones se hicieron en conmemoración de las amistades que hicimos en Medellín y después de vender lo que nos quedaba muy pesado cargar y armar una lista de reproducción para el camino, arrancamos.

Nuestro primer destino fue Puerto Colombia, Atlántico. Un pueblito cerca de Barranquilla donde queríamos empezar el sueño de vivir frente al mar. Sin embargo, no todo fue tan soñado (tema para otro post)

Pero bueno, esta es apenas la introducción del viaje, donde arrancó todo, estamos acá para regístralo y compartirlo con ustedes.

Así va la cosa, ahora estamos en Ibagué, Tolima y esperamos poder contarles los siguientes pasos de este recorrido que apenas empieza. Nos seguimos leyendo por acá.

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