Quién se inventaría eso de que el tiempo lo cura todo. ¿Acaso curarse tiene que ver con la costumbre? Acostumbrarse al dolor no es lo mismo que sanar lo que lo causa.
Aquí viene otro de esos pajazos mentales a los que nos acostumbramos porque si, porque como todo lo heredado, no hay que analizarlo mucho, así funciona.
Cómo es posible que algo tan universal como el tiempo, sea la cura de los n-mil males que puedan existir.
Como algo tan lejos del problema, es el elixir, el aliciente esperanzador de que un día, eventualmente, todo pasará.
Qué perezosos y negligentes somos con nuestras emociones. Preferimos una placebo insípido y letargoso, como lo es delegarle todo al tiempo, en vez de asumir la incomodad de afrontar lo que sentimos y ponerle nombre para poder tramitarlo.
A demás, vamos pregonando por doquier, cómo yerbatero de pueblo en pueblo: La cura para todos los dolores que lo aquejan, las dolencias del alma y los pesares de la mente se llama ungüento tiempo, pare de sufrir, no siga lamentándose, unte y unte que con paciencia, se va disipando su quejar.
¿Cómo se llega al final de un camino que no se transita?
Creo que el tiempo nos otorga perspectiva, calma para visualizar las opciones que no se ven con el calor del ahora, definitivamente ayuda, inclusive tender un puente que conecte los 2 puntos que se deben atravesar, el dolor y la calma; pero dejárselo todo al tiempo es poner en las manos de alguien más la dirección de tus acciones, confiar 100% en el azar y su voluntad de trabajar para nosotros.
Pero eso de sentarse a esperar que «todo pasará», más bien todo te pasará por encima.