Así como la vida, él era vida en si mismo.
Él era movimiento, en círculos. Como cuando le daba vueltas una y otra vez a las mismas 3 tipografías que usaba en sus diseños, él creía que 3 tipografías aplicaban para cualquier entorno gráfico, para que complicarse con variaciones innecesarias, decía.
En línea recta, como cuando dijo que quería ser tatuador y sin pensarlo 2 veces se tatuó de pies a cabeza buscando mejorar su trazo y por ahí derecho se llevó a un par de amigos por delante de su tinta, incluida yo.
O en espiral, como cuando se daba en la cabeza con los pulmones llenos de humo y de ese ímpetu que sólo se tiene a los veintitantos.
Era oscuro, casi siempre, sobre todo al final. Se burlaba del luto, tanto que lo convirtió en su marca @lutotattoo @LutoIlustra. Hablaba de la muerte como se habla de los planes para el fin de semana y la encaró con templanza y sin un ápice de sumisión, tanto que él decidió cuándo y cómo.
Era luz y sombra en una sola obra, era como ver el retrato de Medellín, la ciudad que amaba y odiaba al mismo tiempo. Como cuando quería donar toda la pensión de mi papá a cualquier viejito que se encontraba en la calle.
Era generoso e irresponsable, sus deudas eran las de todos, repartiamos firmas que lo avalarán cuando ningún banco le creía. O como cuando adoptó una perra para quererla, pero también para que mis papás la quisieran, con todo lo que eso implicaba.
Era un idealista, aunque a veces se las diera de realista, su ingenuidad a veces rayaba con su voz gruesa y escandalosa. Tan idealista que guardaba plata de un préstamo para pagar las cuotas del mismo préstamo.
Era vida y me mostró de ellas sus más grandes paisajes y altas montañas, como en las que se la pasaba fumando yerba con sus panas. Él no tenía amigos, tenía panas, de todos los tipos y clases sociales, de todos los ritmos para todas las fiestas, tan eclécticos como lo fueron sus etapas musicales de infancia y adolescencia. Suena Martes de galeria – De La Ghetto y remata There There – Radiohead.
Era salado, como el mar sobre el que crecimos y nos hicimos fuertes e independientes. Era árido y basto como las dinámicas que habitamos juntos.
Las partidas se hicieron habituales a medida que crecíamos y entendíamos que el poder de la individualidad era la primera virtud que debíamos conservar en cada nueva relación que se emprendía.
Él era mi hermano, pero con la connotación más quijotesca que eso pueda tener. Era mi pana, nos dimos duro, y no lo digo metafóricamente. Mis etapas más violentas las sufrió él. Nadie me hacia enojar tanto ni con tanta facilidad como las estupideces que decía o las cagadas que se mandaba conmigo. Él no tenía noción de los límites y hacía que yo recorriera los míos. Nuestras peleas fueron épicas, aunque nadie lo notó y siempre se quedaron en el campo de batalla, nunca nos fuimos enojados a la cama.
Más tarde cuando yo quería cosas de grandes, lo arrastré conmigo. A las buenas, como la música, el cine y las mujeres; y a las malas también, como a las bacanales de semana santa, el alcohol y la fiesta. Ahora que lo pienso, creo que lo de los límites lo heredó.
Me llamaba sista y nuestro vínculo se formó a partir de canciones, cigarrillos largos y fiestas que terminaban en conversaciones incómodas.
Él era el hombre de mi vida y aunque alguna vez soñamos con vivir juntos, en forma de huida, nos habríamos matado, éramos incompatibles en ese sentido.
Aunque queda mucho por decir, esto es lo primero que escribo de él, no creo que sea lo último, pero si lo primero que puedo volcar en palabra después de un año de su partida, es difícil pensar que alguien que llenó tanto se puede esfumar en un segundo, pero es lindo enlistar lo todas las gotas con las que llenó mi espacio, hace que lo sienta cerca, cómo cuando escucho Do Not Claim Them Anymore – Balthazar
La pasamos chimba, me dijo. Y así terminó.
3 respuestas
Que nota cómo escribes y trasmites esta experiencia, escribirle a quienes no están en este plano me parece poderoso. Gracias!
Gracias Marcelo, gracias por pasarte por acá
Hola..me lo compartió Cristina…me gustó mucho..
Muchas situaciones que no conocí…