Una de las ciudades que más nos ha enamorado hasta ahora es Bogotá. También es la ciudad en la que más hemos tenido visitas: estuvimos con Edwin en Festival Cordillera, luego nos visito mi mamá, recibimos a Paulina para el cumpleaños de Dani, luego caminamos como locos con Alejo, mi primo y por últimos recibimos a Cami por cuestiones de trabajo de Dani.
El factor común con todos era que teníamos planes, pueblos, museos, restaurantes, que a pesar de que ya conocíamos, queríamos compartir.
Realmente se re-descubre. Hay formas nuevas, colores que no viste, ángulos que no habías notado, sonidos que no habías escuchado antes. Es como cuando ves una y otra vez tu película favorita, o reeles ese libro del que no te cansas. Siempre hay algo nuevo.
Con Edwin se trató de la música, uno de los motores más importantes de mi vida. Por mi parte, descubrí bandas y artistas, que con su energía en vivo me hipnotizaron y se pusieron en cola de mi lista de favoritos. Pero también Re-escuche a viejos conocidos que sonaron como nunca. Cómo cuando tienes ganas de melancolía y pones esa playlist que te toca el alma mientras caminas sin saber a donde.
Cordillera fue una experiencia para escuchar la música desde la perspectiva de la amistad y apreciar como una canción puede convertirse en el soundtrack de ese instante que se tatua a punta de melodias.


Con Paulina la mirada de Bogotá nos cambió por completo. Hasta ese punto sentíamos a Bogotá como una ciudad enorme que nos había enamorado con su diversidad, pero con ella nos dimos cuenta que podría ser la ciudad donde echaremos raíces algún día. Acogimos la noche capitalina y nos la bebimos como nunca. Nos sentimos como de la casa y además que ella pertenencia con nosotras.
Luego vino Alejo y su apretado itinerario. Él quería devorarse la ciudad en el poco tiempo que tenía, y su capacidad de asombro era la gasolina que lo impulsaba. ¡Vaya que caminamos! con rigurosidad volvimos a museos y calles que habíamos visto pero no analizado y sus ansias de saber, probar y recorrer nos abrieron los ojos a otras perspectivas.


Pero no solo en Bogotá re-descubrimos. En nuestra temporada en Puerto Colombia, tuvimos la visita de las mamás, juntas. Toda una experiencia.
Con ellas entendimos lo que es realmente tomarse las cosas con calma, bajarle al afán de querer hacer de todo y disfrutar cada instante como va llegando.
El mar fue el protagonista en esta ocasión; un mar furioso que por esa época azotaba las playas de Puerto, contrastaba con la calma de dos mujeres que solo tenían ganas de contemplar el paisaje que las rodeaba y de contar las historias que las habían formado.


Sin lugar a dudas re-descubrir a través del otro siempre construirá nuestra rutina y le dará nuevos matices. Re-descubrir es aceptar que no hay nada nuevo bajo el sol, sin embargo el amanecer siempre puede ser diferente.
Puede ser esa canción que vuelve a disfrutar cuando la compartes con alguien que jamás la ha escuchado, o cuando admiras un viejo edificio al mismo tiempo que escuchas hablar a tu amigo arquitecto del significado de sus ladrillos.
Creo que un mundo donde parece que se acaban los misterios y acostumbrarse es fácil, re-descubrir puede ser la chispa de ignición.